Crucero Gay de lujo

Sorprende el relato que una periodista hace de la parada del crucero de lujo “Brilliance of the sea” en Valencia, porque “todos los pasajeros cumplían unos requisitos mínimos: todos eran gays”. Ay, ¿y no pedían un mínimo de altura y peso?
A partir de ahí los tópicos saltan de las letras impresas a tu mente sin que te des cuenta. Debe ser que en verano ya sabemos que muchos somos los que empezamos a darle a la tecla y a redactar historias, benditos becarios. “Pero, además, Eduard (diseñador) es gay, requisito indispensable para participar en el primer crucero por el Mediterráneo que organiza uno de los mayores especialistas en travesías para homosexuales de Estados Unidos”.
“En la embarcación no les falta de nada. Desde una pista de tenis, baloncesto, rocódromo, spa y solarium hasta una casino o una biblioteca. Vemos diferentes ciudades mientras viajamos a cuerpo de rey con personas con las que, además, te sientes cómodo. La mayoría somos parejas, pero también hay muchos solteros. Nadie te mira raro”.
A ver, es una embarcación de lujo de 6.000 euros el pasaje, es normal que tenga todas esas facilidades. Y yo al turista gay entrevistado le diría que yo no me siento raro cuando voy en un viaje “sin especificación determinada” (cuanta vuelta para no decir la palabra “normal”) con mi novio.
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